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El secreto de Garbo

Lunes 07 de Noviembre, 2016
La aparición de nuevos documentos secretos en los que se habla de la aventura del espía español Juan Pujol, alias Garbo, aclara cómo llegó a engañar a los nazis. Tenía un secreto: Araceli.

El espía español más importante de la historia, aunque nunca trabajara para la inteligencia de su país, es Juan Pujol, Garbo. Nadie lo duda en virtud de que su trabajo permitió la derrota de Hitler, la principal amenaza para el mundo durante el siglo XX. Pero, según refleja Fernando Rueda en el número 137 de Historia de Iberia Vieja, su historia no es como nos la han contado..

Documentos desclasificados por los Archivos Nacionales de Kew, en Gran Bretaña, han desvelado algunos episodios sobre su mujer, Araceli González, que unidos a otras investigaciones recientes en España, invitan a que veamos desde otra perspectiva la historia de Arabel o Garbo, según sus alias alemán o inglés.

LA PAREJA PERFECTA
Juan Pujol García era en 1938 un soldado de 26 años que pertenecía al grupo de los que habían comenzado la Guerra Civil en un bando –el republicano– y, decepcionados por lo que habían vivido, se cambiaron al otro. Estaba destinado en Burgos cuando conoció a una chica, dos años menor que él, procedente de una buena familia de Lugo, guapa, simpática y buena conversadora, que trabajaba en el gobierno de Franco como secretaria del gobernador del Banco de España. Había sido enfermera en su localidad natal, pero el trabajo se le quedaba pequeño y su padre le consiguió un puesto en el centro de mando franquista. Juan era más imaginativo; Araceli más lanzada. Todo lo hacían juntos.

Pensaban qué hacer y decidieron con su inocencia convertirse en agentes secretos: vivir la vida de engaño y traición para contribuir a que los nazis perdieran la Segunda Guerra Mundial que había comenzado.

DE EMBAJADA EN EMBAJADA
Se presentaron en la embajada inglesa en Madrid y les propusieron convertirse en agentes dobles. El plan era engañar a los alemanes para que les contrataran para espiar en Inglaterra y darles información falsa. El funcionario que les recibió se lo tomó a chunga. No eran los primeros, ni serían los últimos, que pretendían ganar la guerra por sí solos. Inglaterra sabía lo difícil que era ese trabajo. Centenares de agentes secretos eran formados por el SOE (Fuerza Especial del Espionaje) para que vivieran en Europa y obtuvieran información y boicotearan las actividades nazis. Antes de ser lanzados en paracaídas o transportados en barco, se les impartía cuatro meses de una preparación intensa y muy dura. La pareja Pujol ni siquiera sabía inglés... Pensaba que así jamás engañarían a los alemanes. No podía ser de otra forma: los despidieron con cajas destempladas. La pareja se sintió ofendida. En sus conversaciones se habían visto con capacidad para engañar a los alemanes. Se sintieron decepcionados, no comprendían que los ingleses no se dieran cuenta de su potencial.

Curiosamente, no se amilanaron. Decidieron acudir a la embajada alemana. Si ante los ingleses se habían presentado como lo que eran, demócratas convencidos, ante los nazis se reciclaron en fascistas españoles que querían que Hitler consiguiera su objetivo de controlar Europa, para lo que estaban dispuestos a viajar a Inglaterra para convertirse en sus espías. No les tomaron por locos, al menos no se lo expresaron tan crudamente como los ingleses. Fueron más pragmáticos. La joven pareja se juega la vida y ellos se limitan a invertir una pequeña cantidad de dinero. Juan y Araceli terminaron de convencerles cuando consiguieron un salvoconducto para viajar a Inglaterra.

Es fácil imaginar su alegría al conseguir su primer engaño, aunque es difícil entender cómo se lanzan a una aventura tan alocada. Decidieron irse a Portugal y simular que habían viajado a Inglaterra. ¿En qué cabeza cabe que van a poder engañar a los alemanes con información robada a los ingleses, cuando nunca han estado allí y desconocen todo lo relativo a su potencial militar e instalaciones? Sin duda, la respuesta está en que no hay un solo “loco” en la operación… hay dos. A las ideas fuera de lógica de Pujol se sumaba el apoyo incondicional de Araceli y la energía que le transmitía. Sin ella no habría podido pasar esos malos ratos.

ENGAÑARON, NO SE SABE CÓMO, PERO ENGAÑARON
La estancia de ambos en Portugal fue muy complicada. Pujol se estudió el mapa de Inglaterra, las líneas de metro y lo que estaba publicado de sus fuerzas armadas. Y con esa información que encontraba en bibliotecas enviaba información suministrada por diversas fuentes, que se inventaba, ubicadas en diversos organismos ingleses. ¿Cómo fue que los alemanes le terminaron creyendo? Esa es la gran pregunta que la historia no ha contestado.

Sin duda, en su servicio secreto carecían de personas que conocieran al dedillo Inglaterra y sus costumbres. Aunque no hay que quitar méritos al imaginativo Pujol, que impulsado por su mujer, se lanzó por una catarata sabiendo que en cualquier momento le podían pillar. Arabel Araceli bella– consiguió que los alemanes le creyeran hasta el punto de que su nombre en clave comenzó a aparecer en los mensajes cifrados enviados desde la embajada alemana en Madrid y que eran interceptados por el espionaje inglés.

De nuevo, la pareja volvió a ponerse en contacto con los ingleses para ofrecerse a trabajar para ellos y rentabilizar su trabajo con los alemanes, pero los ingleses, muy cabezotas, siguieron rechazándoles.

Mientras se negaban a aceptarles entre sus agentes, en Inglaterra se vivió un momento convulso. Descubrieron que los alemanes tenían una fuente llamada Arabel que les informaba desde Inglaterra, pero que les pasaba información falsa. Decidieron buscarla en los lugares donde podían ocultarse, pero no encontraron nada. No entendían lo que estaba pasando, hasta pensaron que los alemanes temían que les estaban interviniendo las comunicaciones y se habían inventado a Arabel.

Trabajar en Portugal para los nazis, que creían que estaban en Inglaterra… empezaba a carecer de sentido con el paso de los meses. Araceli entonces decidió cambiar de plan: si los ingleses tozudamente no veían lo que estaban haciendo, hablaría con los estadounidenses para que intercedieran por ellos y su buen trabajo. Un día se acercó al agregado militar de Estados Unidos en Lisboa: era la bala que les quedaba en la recámara. Su juventud, una leve sonrisa y su carácter decidido debieron sorprender al militar, que escuchó su historia. Consiguió lo más difícil, que era convencerle. Su intermediación llegó al MI5, que por primera vez relacionó a la fuente nazi Arabel con Juan y Araceli. Decidieron abrirles finalmente la puerta, se los llevaron a Londres y conviertieron al espía alemán Arabel en el agente doble Garbo.

Conoce todo sobre Garbo en el número 137 de Historia de Iberia Vieja, correspondiente a noviembre de 2016

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Sírvanse poner la letra más negra para facilitar la lectura, muchas gracias..!

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