Se encuentra usted aquí

Simón Bolívar, el hombre que ¿cambió la historia?

Jueves 26 de Enero, 2017
Soñó con una América independiente que se liberara del yugo imperialista representado por nuestro país, pero los aires que trajo la Constitución de Cádiz de 1812 fueron un impulso para los sentimientos de numerosas naciones americanas, que encarnó este personaje discutido y polémico desde entonces.

Apenas habían pasado siete minutos desde que las campanas anunciaran las cuatro de la tarde cuando, en medio de un calor asfixiante, la tierra comenzó a sacudirse violentamente, como si el fin  del mundo hubiera llegado. Aquel 26 de marzo de 1812 era Jueves Santo y las calles de Caracas estaban desiertas, pues la mayor parte de la población asistía a los oficios religiosos que se celebraban en los numerosos templos de toda la ciudad. El terrible seísmo se dejó sentir en toda Venezuela, desde los Andes hasta la costa, pero fue especialmente devastador en Caracas, donde se registraron entre nueve y diez mil muertos, buena parte de ellos atrapados entre los escombros de las iglesias. Ante la magnitud de la catástrofe pronto surgieron voces –sobre todo entre los clérigos– que interpretaban aquel horror como un castigo divino por la revolución de independencia, y animaban a la población a renunciar a la insurrección.

Aquella misma tarde, entre los escombros de uno de los templos, hubo un superviviente que también quiso interpretar el seísmo como un desafío a la revolución, aunque en este caso no por parte de Dios, sino de la naturaleza. Lleno de rasguños, cubierto de polvo y con la camisa remangada, el criollo mantuano Simón Bolívar escarbaba entre los escombros en busca de supervivientes.

Ante las proclamas de los curas que exigían la vuelta al “redil” de los revolucionarios y la presencia de algunos realistas, Bolívar proclamó con el ánimo inflamado: «¡Si la naturaleza se opone, lucharemos con ella y haremos que nos obedezca!».

El futuro Libertador expresaba así las dificultades que atravesaba el movimiento emancipador, apenas unos meses después de que se hubiera proclamado la República, pero también su firme determinación a luchar por ella hasta las últimas consecuencias. El violento seísmo fue una metáfora perfecta de la turbulenta situación sociopolítica que estaba viviendo Venezuela en aquel momento, en el que republicanos y realistas se enfrentaban a muerte en defensa de la emancipación o la lealtad a la metrópoli, empapando de sangre aquellas tierras al norte del continente sudamericano.

UNA MEZCLA DE COLORES Y RAZAS
Cuando Simón Bolívar nació en Caracas el 24 de julio de 1783, en el seno de una rica familia criolla, la sociedad de la colonia, basada en un injusto sistema de castas, se asemejaba a un caldero hirviendo a punto de rebasar. La población venezolana estaba compuesta por blancos (unas 200.000 personas), a su vez divididos en peninsulares (apenas 12.000 personas que controlaban el comercio a gran escala, la banca y la administración de las colonias), criollos (entre los que sobresalían una reducida aristocracia terrateniente, los grandes cacaos o mantuanos) y los llamados “blancos de orilla” o blancos pobres, en su mayoría artesanos y pequeños comerciantes. Por otro lado, la parte más numerosa de la población estaba compuesta por canarios (que seguían siendo llamados así, aunque llevaran varias generaciones en el país), que sumaban otras 200.000 personas, y pardos (mulatos), unos 400.000. A estos había que sumar indígenas, mestizos y negros, ya fueran esclavos o libertos.

Durante mucho tiempo, la minoritaria élite criolla –a la que pertenecía la familia Bolívar– había disfrutado de una situación de enorme poder, pues además de controlar los grandes latifundios y la producción de cacao, también habían ocupado puestos importantes en el clero, el ejército y la administración colonial. Sin embargo, a lo largo del siglo XVIII los Borbones impulsaron una reforma imperialista que fue apartando cada vez más a la élite criolla de tales prebendas. A este creciente descontento había que sumar el temor de la élite criolla a una posible guerra de castas inspirada por las “peligrosas” ideas de la Revolución Francesa o la rebelión que había tenido lugar en Santo Domingo. Aquellos temores tomaron forma cuando en 1795 un grupo de negros y pardos se alzó en armas y asoló la ciudad de Coro, dirigidos por dos negros libres, inspirados a su vez por los ideales de libertad e igualdad de la revolución gala. Dos años más tarde, en 1797, Manuel Gual y José María España dirigieron otra conspiración que enarbolaba los Derechos del Hombre. Ambos intentos resultaron fallidos, pero pusieron nerviosos a los miembros de la élite criolla, cada vez más asustados ante una eventual lucha de clases. Este ambiente sentó las bases de la futura revolución, que solo necesitaba ya de un detonante que no tardaría mucho en llegar…

Simón Bolívar es el personaje más importante de la historia después de Colón, aunque en España apenas le conocemos. Seguramente, sólo en el contexto de aquella época puede entenderse todo lo que ocurrió. En nuestro país no todos estaban contra él. De hecho, aquí tuvo muchos apoyos. Y es que en España se luchaba por entonces contra el mismo enemigo.

Hoy, su nombre es tabú, pero su historia es apasionante y sin lo que hizo sería imposible comprender el mundo. Descúbrelo en el nº140 de la revista Historia de Iberia Vieja de la mano de Javier García Blanco. 

Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario