Se encuentra usted aquí

El taumaturgo del Nuevo Mundo

Viernes 14 de Julio, 2017
Francisco Solano o "el taumaturgo del Nuevo Mundo" fue un franciscano inspirado que misionó y predicó por Sudamérica hasta el día de su muerte. Sergio Basi.
El taumaturgo del nuevo mundo. Francisco Solano y el Toro, pintados por Murillo

Con la apariencia de ser apenas un esqueleto viviente, Francisco Solano fallecía el 14 de julio de 1610 tras pasar varios años enfermo en el mismo convento que, bajo el cargo de Guardián, durante más de una década había dirigido, el Convento de Recolección de Nuestra Señora de los Ángeles, en el virreinato de Lima, Perú.

Siempre había sido una persona de buena disposición, aunque hizo todo lo posible por no tener que aceptar el cargo. Sus vocaciones eran predicar y hacer penitencia, lejos de eso prefería desentenderse de cualquier otra cuestión mundanal, por eso nunca ordenaba a los demás frailes nada que no hiciera antes él.

Las crónicas lo describen como una persona muy alegre y con cierta obsesión por mantenerse en la pobreza, al igual que había hecho muchos años antes San Francisco de Asís, aquél que fundó la orden religiosa a la que Solano pertenecía. Su fe en este santo era tal que, desde sus años de juventud, predicaba como el santo a pajarillos y animales, manteniendo con ellos una relación especial.

Cuenta la historia de uno de sus prodigios, que en un pueblo del Nuevo Mundo estaban de toreo cuando un toro se escapó del corral y salió por las calles; llamaron al santo y éste se acerco calmo al animal, el cual se le acercaba y le lamía las manos para posteriormente dejarse llevar de nuevo al corral. También cuenta otro prodigio, este realizado en sus años primerizos como sacerdote franciscano en Córdoba, que llevó al convento a una gran serpiente que atacaba a pastores y ganado, causando terribles daños en la zona , para darle de comer; después de ser reprendida y alimentada por el fraile, se marchó y no volvió a molestar más.

Esta relación con los animales la desarrolló en el mismo momento en que, al poco de ordenarse sacerdote en el convento de Loreto de Sevilla, donde también estudió filosofía y teología, empezó a hablar de forma distinta, con un aura de santidad que impregnaba cada palabra de cierto espíritu sagrado o divino.  En Montilla, su pueblo natal de Córdoba, comenzó a hacer sus primeros milagros al realizar curaciones completamente inexplicables sobre gente mortalmente enferma de peste.

Desde joven había mostrado su voluntad de desplazarse como misionero a otras regiones del mundo a llevar la palabra de Jesús y los Evangelios a todos aquellos que no la conocieran. Lo intentó con África sin éxito y no sería hasta más tarde, cuando su fama por las curaciones y prodigios que realizaba, se hubiera extendido. Así, llegó a Sudamérica cuando el rey Felipe II pidió misioneros que fueran allá.

El viaje a América fue complicado, con un naufragio incluido. Una vez llegado allí, Solano se recorrió, en un viaje larguísimo a pie y acompañado de ocho frailes más, numerosos enclaves de una muy extensa región que iba desde los Andes hasta la actual Argentina, pasando por la actual Bolivia o Uruguay.

Allí aprendió la lengua de los nativos y predicó a todos los indígenas que se encontraba, incluso en tribus guerreras que lo recibían con violencia lograba ser escuchado tras poco tiempo enseñando un crucifijo y predicando. De éste modo, se ganó pronto el sobrenombre de “el taumaturgo del Nuevo Mundo”, y es que había logrado la conversión al cristianismo de incontables indígenas realizando muy numerosos milagros e hechos sobrenaturales. Así pasó misionando por Sudamérica más de catorce años hasta establecerse en Lima hasta la fecha de su muerte en el mencionado convento. En 1726 Benedicto XIII lo canonizaba, pasando a ser San Francisco Solano. 

Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario